Hacia la equidad e igualdad

 

Siempre, y todavía hoy en la actualidad, ha habido una diferencia entre el deporte femenino y el masculino.

Las deportistas hemos tenido que aguantar comentarios tales como “el fútbol femenino no es fútbol” o “el básquet femenino es la nueva petanca aérea”.  Hemos tenido que vestir con ropa deportiva ceñida y corta para dar más espectáculo y ganar visibilidad, y aun así se ha seguido televisando antes un partido de cualquier deporte masculino que uno femenino. Y sí, es cierto que el deporte femenino ha tenido una evolución evidente a lo largo de los años, pero aun así, queda mucho por lo que luchar y  que debe cambiar. En este sentido vivimos en épocas cronológicamente diferentes, las mujeres seguimos siendo invisibles.

«Quiero decirle a las chicas, que no es el maquillaje y tu aspecto lo que importa; eres mucho más que tu aspecto» – Katie Taylor (boxeadora)

Evidentemente, las condiciones físicas de un género y otro son diferentes, pero eso no significa que necesariamente las mujeres debamos ser peores en cualquier deporte que los hombres, ni que un mismo deporte tenga que etiquetarse diferente dependiendo de quién lo juega. No hay deportes femeninos y deportes masculinos. Habrá deportes más físicos, más inteligentes, más estéticos o más estratégicos pero cualquier disciplina puede y debe ser llevada a cabo y valorada por igual.

«Puedo porque pienso que puedo» – Carolina Marín (Bádminton)

Está claro que para gustos, colores, y que no tiene que gustar todo por igual a todo el mundo. Pero lo que no se ve y de lo que no se habla, no se conoce, y por lo tanto es como si no existiera. Si no se da ni la oportunidad de darse a conocer, eso nunca va a tener visibilidad ni recursos, y acaba siendo un pez que se muerde la cola.

“I’m not the next Usain Bolt or Michael Phelps, I’m the first Simone Biles” – Simone Biles (gimnasta artística)

Sin esta visibilidad, el esfuerzo de las deportistas se queda en la ducha del vestuario al acabar el entrenamiento o la competición.  De vez en cuando se conoce algún gran éxito de una deportista, que se reduce a una foto con cuatro líneas o a los últimos dos minutos de la sección de deportes del telediario. El seguimiento de una trayectoria deportiva debe ser un camino más largo. ¿Cuántas medallas deben conseguirse para poner nombre y apellidos a la constancia y al esfuerzo? Y ya no hablemos de cuando se activa el reloj biológico, se acerca el fin de la carrera deportiva de cualquier mujer.

“El ascensor hacia el éxito está fuera de servicio, tienes que subir las escaleras poco a poco” – Mireia Belmonte (nadadora)

Hay que destacar que sólo cada cuatro años, en los juegos olímpicos, se nos muestra casi por igual que a ellos. Remarcar que no hay un deporte en el que no tengamos una campeona de Europa o Mundial: judo, karate, taekwondo, halterofilia, hockey hierba o patines, balonmano, baloncesto, fútbol sala, rugby e incluso motociclismo. A nivel de club o de selección, las mujeres lo han ganado prácticamente todo en los terrenos de juego. Todo menos la visibilidad, especialmente en modalidades consideradas como exclusivamente masculinas. El fútbol es el más claro de los ejemplos, pocas personas saben que las mujeres han practicado este deporte desde sus inicios.

“Every player needs to use their voice to shake up things” – Ada Hegerberg (futbolista)

Aún hay un largo camino por recorrer. Empezando por dar visibilidad e igualando la cantidad de tiempo de las emisiones del deporte masculino y femenino, consiguiendo de esta manera más sponsors privados. Seguido de promover la eliminación de los estereotipos de género, para que haya más mujeres que practiquen deporte. Además se debería exigir una mayor dotación presupuestaria para aumentar el reconocimiento del deporte femenino y destinar la mitad de los presupuestos públicos de deporte al deporte femenino para que se pueda practicar en igualdad de condiciones. Y terminando por el apoyo a las organizaciones de deporte femenino, compuestas mayoritariamente por mujeres, para que cada vez haya un número más alto de entrenadoras, directivas y altos cargos en el deporte.

Dicho esto, podemos concluir que mientras no haya visibilidad no habrá reconocimiento. Sin reconocimiento no habrá igualdad de condiciones ni equidad en los sueldos. El cambio debe empezar por nosotros, viendo y apostando por el deporte femenino, dando esa visibilidad y reconocimiento merecido, que cada vez reclaman más aficionados.

Laia Costa Barberà

La invisibilidad de la mujer en el deporte, por Laia Costa
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