Diferenciamos síndrome compartimental agudo vs. crónico por esfuerzo según signos y evolución.
Plan de control de carga sin “parar todo”: mantenemos condición física con estímulos seguros.
Readaptación: fuerza de core y cadera, estabilidad y técnica para reducir impacto y sobrecarga.
Coordinación con valoración médica cuando se requiere confirmación diagnóstica (p. ej., medición de presión intracompartimental).

En este caso se describe la patología desarrollada en la parte inferior de la pierna, exponiendo una breve descripción anatómica.
La región inferior de la pierna se se divide en 4 compartimentos: anterior, lateral, posterior superficial y posterior profundo. Dentro de cada compartimento, además de los músculos respectivos, todos contienen un nervio principal, y dos de los compartimentos tienen un vaso sanguíneo principal.
El compartimento anterior suele ser el que presenta una mayor incidencia en el CECS, seguido del compartimento posterior profundo, el compartimento lateral y por último el compartimento posterior superficial.
El diagnóstico del CECS es en gran medida clínico y la medición de la Presión Intrtacompartimental (PIC) confirma el diagnóstico siendo determinante para ayudar a planificar el tratamiento.


El dolor aparece porque la presión dentro del compartimento muscular supera la capacidad del tejido para adaptarse (o, en el agudo, compromete la perfusión).

Ajustamos carga, tratamos el entorno muscular y reeducamos fuerza y técnica para reducir el estrés mecánico y mejorar tolerancia al esfuerzo.

Buscamos que vuelvas a caminar, correr o entrenar sin dolor limitante y con menor riesgo de recaída, con criterios claros de progresión.
La elección entre el tratamiento conservador o quirúrgico para el CECS se basa en gran medida en la experiencia clínica. La literatura sugiere que una fasciotomía es el método de tratamiento más óptimo con tasas de éxito reportadas de hasta el 90 %. Sin embargo, pueden ocurrir complicaciones como infecciones en las heridas, hematomas, daño en nervios o recurrencia de los síntomas en hasta el 14 % de los casos.
La cirugía suele considerarse una vez que los tratamientos conservadores han fallado o cuando los síntomas son severamente incapacitantes.
En esta ocasión describiremos el caso de un paciente de 37 años que ha sido diagnosticado de Síndrome Compartimental superficial y profundo en ambas piernas después de 5 años de padecer recurrente dolor en Gemelos, Tendón de Aquiles y sensación de entumecimiento durante la práctica deportiva, e intervenido quirúrgicamente.
Cabe destacar que es frecuente que lleve tiempo llegar al diagnóstico de Síndrome Compartimental, ya que suele confundirse con sobrecargas provocadas por el ejercicio.
El objetivo final de este paciente era retornar a su actividad física habitual: bicicleta, escalada, carrera y actividades en montaña.
Aproximadamente a los 10 días de la operación iniciamos tratamiento de rehabilitación.
En la valoración inicial, observamos que la pierna derecha presentaba rangos de movilidad conservados pese a la ligera tensión provocada por las grapas de la cicatriz al solicitar contracción muscular a partir de un umbral determinado de fuerza.
En cambio, la pierna izquierda presentaba mayor edema, dolor irradiado desde la región interna del Gemelo hasta la ingle, y aumento de la tensión muscular de toda la extremidad, además de limitación en la extensión de rodilla y la flexión dorsal del pie.
El resto de movimientos estaban libres.
La marcha con muletas se encontraba totalmente alterada debido a la imposibilidad de desacrgar peso en la pierna izquierda.

A lo largo del proceso de rehabilitación, siempre solicitamos al paciente que controle la sensación de presión, dolor, parestesia (“hormigueo”) que pudiera aparecer durante la ejecución de los ejercicios, tanto en consulta como realizando los ejercicios en casa, y que la valore en una escala de 0 a 10.
En resumen, podemos decir que el abordaje fisioterapéutico posterior a la intervención quirúrgica va a estar centrado en la combinación de terapia manual y terapia activa.
En cuanto al tratamiento conservador las intervenciones frecuentes suelen ser el cese o la adaptación de la actividad provocadora, ortesis, fisioterapia, medias compresivas o combinaciones de las mismas. Es importante destacar que hoy en día no existe un protocolo estandarizado para el abordaje de esta patología mediante el tratamiento conservador que ofrezca un retorno al deporte satisfactorio y seguro para los pacientes.
No. El síndrome compartimental agudo es una urgencia médica; el crónico por esfuerzo suele aparecer con ejercicio y mejora al parar, pero requiere valoración para evitar que limite tu actividad.
Dolor muy intenso (a menudo desproporcionado), extremidad muy tensa, dolor al estiramiento pasivo, adormecimiento/hormigueo o debilidad. Ante sospecha, se recomienda atención inmediata.
En el CECS, el ejercicio repetido puede elevar la presión dentro del compartimento y provocar dolor y sensación de presión que se reduce con el reposo.
La valoración clínica es clave para el diagnóstico de síndrome compartimental y, en algunos casos, se utiliza medición de presión intracompartimental para confirmar.
En muchos casos, con el síndrome compartimental se recomienda cambiar el estímulo: reducir impacto y mantener condición física con alternativas, mientras se trabaja fuerza y técnica para volver progresivamente.
El Dr. Turmo es un de los máximos referentes en cuanto al diagnóstico diferencial de esta patología a nivel nacional y es una suerte poder tenerlo en Invisible Training visitando en Sant Cugat.

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